Al final, se han formado brumas y nieblas en el valle del Ebro, pero nada de esos extensos mares de nubes que ocupan toda la cubeta en situaciones anticiclónicas con flujo de levante en capas bajas.
Una imagen (o varias) vale más que mil palabras.
En La Rioja han aparecido muy residualmente, extendiéndose más ampliamente por la Ribera navarra y, sobre todo, Aragón.
Se observan muchos accidentes geográficos en estas tres fotos, pero existe un detalle en la tercera imagen que merece la pena no pasar por alto: se atisba una columna de humos que, según asciende, se desvía hacia la derecha (SE). Es lo bueno de las centrales térmicas: aparte de darnos luz, sus humos exhalados son chivatos del flujo atmosférico en tiempo real. Según esto, soplaba un ligero cierzo, por lo que las condiciones en capas bajas no eran las idóneas para la formación de extensas nieblas en nuestra tierra. ¿Fácil, verdad?
La meteorología a posteriori (o "a toro pasado") es lo que tiene: permite adaptar cualquier idea o modelo conceptual medianamente razonable a lo acaecido, haciéndonos pasar por sabios y, si caes bien, consiguiendo prestigio, despacho y secretaria.
Menos mal que los pronósticos son eso, pronósticos, y si quedan escritos previamente (permitidme el pleonasmo) nos dejan en nuestro sitio. Si no lo están, ya se sabe que las palabras se las lleva el viento...
"Estaba claro". "El campo de humedades era muy explícito". "HIRLAM lo decía". "HORLAM lo marcaba". "No miraste HURLAM". "HARLEM está en New York"...
Y es que, amigos, es verdad: no suelo mirarme la advección a posteriori.
Saludos.
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